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Historia de Aranjuez Lofts

Los Orígenes

En 1979, el arquitecto Manuel Gutiérrez Rojas adquirió esta propiedad de su excompañero del Colegio Seminario y gran amigo, Eduardo Salgado Ulloa. En aquel entonces era una típica casa de veraneo con piscina, aislada y rodeada de naturaleza. Santa Ana aún era un pueblo rural, sin mayor infraestructura y muy alejado del dinamismo que hoy la caracteriza, aunque don Manuel supo reconocer desde el principio el enorme potencial del lugar. Durante los meses de verano, el paisaje seco y los senderos que rodeaban la propiedad le evocaban la región de Aranjuez, en España. Inspirado por ese recuerdo decidió bautizarla con ese nombre, sin imaginar que décadas después también daría identidad a un proyecto familiar. La casa, construida principalmente en madera, giraba alrededor de un amplio salón principal. A su alrededor se distribuían tres dormitorios, dos baños, la cocina y como protagonista una extensa terraza de casi veinte metros de longitud que se extendía paralela a la piscina, convirtiéndose en el corazón de la vida familiar.

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Diseño, gastronomía, celebración y luto

Con el paso de los años, la propiedad se transformó en un verdadero laboratorio de arquitectura. Allí don Manuel experimentó ideas, materiales y soluciones constructivas que podía disfrutar en su vida cotidiana. Vivía dentro de su propio proyecto. La vegetación fue siempre una parte esencial y complemento vital de su visión arquitectónica. Árboles, helechos y plantas fueron sembrados de forma constante y meticulosa, convencido de que en un país tropical el paisaje era tan importante como la arquitectura misma. Las transformaciones nunca terminaron. Los cielos rasos de madera dieron paso a la caña; las columnas de madera fueron reemplazadas por sus características columnas piramidales de concreto; y las láminas de hierro galvanizado quedaron protegidas bajo un techo de teja. Paralelamente, la casa fue escenario de innumerables reuniones familiares y celebraciones, las fiestas periódicas donde la casa parecía disfrutar y se convertía en mas que un aliado, un cómplice ideal para todo tipo de actividades sociales para compartir con familiares y amigos. A finales de la década de los 90´s trasladó su oficina profesional a Aranjuez y construyó un edificio de dos plantas adosado a la casa principal. Vivienda y estudio terminaron fusionándose en un solo espacio donde diseñar, cocinar, trabajar y celebrar formaban parte de una misma rutina, nada era mas maravilloso que vivirlo en un entorno planificado y diseñado para eso. Sin embargo, la vida también puso a prueba a la familia. En 2011 falleció de cáncer su hijo mayor, Manuel, y cinco años después, en 2016, la esclerosis múltiple arrebató la vida de su hijo Ernesto. Estas pérdidas afectaron profundamente al arquitecto y aceleraron el deterioro de su salud. Sobrevivir a sus hijos fue devastador, con el tiempo quedó postrado en una silla de ruedas, bajo el cuidado de su hijo menor, Adrián, quien siguió sus pasos estudiando arquitectura.

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El nacimiento de Aranjuez Lofts y el adiós

Por recomendación de la geriatra y con el propósito de que don Manuel pudiera permanecer en el lugar que tanto amaba, en mayo de 2018 se construyeron los primeros cuatro apartamentos. Así nació Aranjuez Lofts. El proyecto tenía un objetivo muy claro: hacer que la propiedad fuera económicamente autosuficiente y ayudara a cubrir los gastos del cuidado de don Manuel. Los apartamentos comenzaron a ofrecerse a través de Airbnb, una plataforma que por entonces apenas iniciaba su crecimiento en Costa Rica, y desde el primer momento la respuesta de los huéspedes fue extraordinaria. Gigi, esposa de Adrián, aportó un ingrediente muy especial al proyecto. Hija de madre peruana y padre suizo, podía recibir a numerosos visitantes y comunicarse en alemán, creando una experiencia cálida y cercana que complementó perfectamente el trabajo arquitectónico y constructivo de Adrián. Mientras tanto, el maestro pasaba sus días contemplando silenciosamente la obra de toda una vida. Aranjuez se había convertido en un oasis de naturaleza, paz y arquitectura, el mismo lugar que lo acompañó hasta su último día. Falleció serenamente en su habitación el 5 de febrero de 2022, a los 85 años.

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El fuego y los ángeles

Un año después, el 27 de febrero de 2023, ocurrió un hecho inesperado. Un cortocircuito provocó el incendio de la antigua casona. Para entonces Aranjuez Lofts ya contaba con diez apartamentos en funcionamiento y Adrián y Gigi se dedicaban por completo al proyecto. En cuestión de minutos, la madera centenaria y los cielos de caña ardieron y consumieron los muebles, recuerdos de toda una vida y nuestros corazones de manera tajante, rápida y eficaz. Afortunadamente el fuego no afectó a los Lofts, solamente uno que quedó parcialmente dañado. Dentro de la casona se quemaron las oficinas, lavandería y estancias donde dormían los colaboradores que cuidaron en vida a don Manuel y quedaron trabajando en el proyecto. La ayuda de amigos fue inmediata, espontánea y eficaz. Aranjuez se cubrió de ángeles que acudieron en nuestro auxilio y vinieron a compartir una de las partes esenciales de la vida, los momentos malos, esos momentos que nos hacen mejores, nos permiten valorar y desnudan nuestra esencia. Gracias Dios por esos erróneamente llamados momentos malos que nos permitieron ver a los ojos de ángeles, ángeles maravillosos llenos de luz que iluminan el camino correcto y dejan al descubierto la belleza natural de la amistad genuina.

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El renacer y la flor de loto

Cuando el fuego se extinguió, entre las cenizas permanecían en pie las columnas piramidales de concreto y la chimenea, dos de los elementos más representativos de la arquitectura de don Manuel. Parecían resistirse al paso del tiempo para transmitir una última enseñanza a la siguiente generación. La pérdida de sus padres y hermanos acostumbraron a Adrián a levantarse una y otra vez. El incendio terminó de despejar el camino para reinterpretar el legado de su padre. Inspirándose en la modulación de aquellas columnas sobrevivientes y usándolas como ejes y soporte estructural, en 2025 construyó cuatro nuevos apartamentos en la planta baja —la serie Lotus— y, sobre ellos, la vivienda donde hoy viven Adrián, Gigi y sus amadas hijas, María Jesús y Claudia. 

 

Don Manuel admiraba profundamente la eficiencia de muchas familias migrantes chinas, que tradicionalmente construían su negocio en la planta baja y su hogar en el segundo nivel. Esa idea —vivir sobre el lugar donde se trabaja, mantener siempre un ojo sobre el negocio y reunir familia y trabajo bajo un mismo techo— terminó convirtiéndose también en parte de la filosofía de Aranjuez Lofts. Hoy, Aranjuez Lofts es el resultado de casi medio siglo de historia familiar. Un oasis de vegetación en una ubicación privilegiada de Santa Ana, donde convergen la inspiración de Aranjuez, España; la resiliencia simbolizada por la flor de loto; y el legado arquitectónico de un hombre que soñó, construyó y vivió cada uno de sus espacios. Y, para quienes tuvimos la fortuna de compartir con él y disfrutar de su sentido del humor, queda también un recuerdo imposible de olvidar: el chop suey de don Manuel era, sencillamente, insuperable.

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